¡Quién nos iba a decir que, en la primavera del 2008, íbamos que comprar una cama más grande para poder acogeros a tí y a Lola a primeritas horas de la mañana!.
Lo cierto es que así ha sido. Lejos de la pedagogía y de las dificultades de educar a los hijos, lejos de la posibilidad de que os acostumbréis, a pesar de que sabemos que no es lo mejor, es inevitable haceros un huequecito en nuestra cama. Dormir con vosotros es un placer, pero también una necesidad: a ver quién espera durante minutos y minutos, a los pies de vuestra cama, a que os volváis a dormir cuando os despierta una pesadilla por la noche. Pero hoy por hoy es quizá el mejor momento del día: todos en la cama, tú hablando bajito, Lola tocándote la cara, tú riendo. Estás con nosotros y te sientes protegido. Pero ¿de qué hablan tus pesadillas infantiles?. Hablan de lo que ves en los dibujos animados: de lobos feroces que van a comerte, de arañas que se cuelan por tu cama, de vacas que son perseguidas por leones y cocodrilos. Entonces te levantas llorando y gritas "papá", y cuando llego a tu lado de vuelves a acostar rendido y me dices "dame la mano", o "aquí tienes un sitio", señalándome el lado de tu pequeña cama.
El final del 2007 y el principio del 2008 han sido muy duros: las cosas cambiaron en Foios, el trabajo está difícil, y las cosas no van tan bien como antes. En esas noches de pesadillas para ti y para nosotros, el mejor momento del día se reduce a cuando mamá y yo os ponemos entre nosotros y, entre risas y susurros, va amaneciendo el día.
martes, 15 de abril de 2008
domingo, 30 de marzo de 2008
luna negra
Un día de mediados del mes de enero, nació Luna Negra. Nos dimos cuenta porque Dolça no salía a saludarnos cuando nos íbamos de casa. Un par de días antes de que naciera, vi que había hecho un agujero en el jardín, dentro de tu casita de plástico. Me extrañó esa actitud en ella. El fin de semana, cuando salíamos a cenar, vi que Dolça no venía. Me asomé a la ventana de casa y allí la vi: dentro de tu casa de juguete estaba Luna Negra. Nunca supimos quién fue su padre. Pero lo cierto es que pasamos dos meses encantadores con ella. Nunca te he visto disfrutar tanto con un perrito. Tú fuiste quien le pusiste su nombre final. Tu madre quería que se llamara Luna en homenaje a su perra de siempre en el secano, que había fallecido el invierno anterior después de catorce años. Tú precisaste que esta Luna, era la Luna Negra. Aunque nos hacía mucha ilusión, nos fue imposible mantener a dos perras grandes en el jardín: a los dos meses, ya se veía que Luna Negra iba a ser grande cono su madre. Así que le buscamos dueña antes de que creciera. Una amiga de Vicente el capitán de Verdecora se la quedó encantada, con su collar morado. Desde entonces sabemos que vive en Llíria, en un chalet con cuatro perros más. La chica nos ha dicho que nos enviará fotos para que sepamos cómo está. Tú, con tu sabiduría de niño, dices que está en la montaña. La semana pasada no quissite ir al cole an toda la semana, aunque es lógico que no te salieras con la tuya. Pero cuando íbamos camino del colegio, siempre me decías "quiero ir a la montaña con luna Negra". Por si no la recuerdas de mayor, aquí te dejo su huella.
lunes, 10 de marzo de 2008
yelow
Como estoy últimamente hablándote a través de las canciones, asi creo que acabo esta serie con la que, para mi, más te identifica. La escribió el líder de Coldplay para su hijo. Era tan rubio, que, desde que nació, todo lo bueno del mundo era amarillo. A mi me sucedió igual, y supongo que a todos los de la familia. Es tan fuerte tu personalidad desde pequeño, son tantos tus encantos, y eres tan rubio que todo lo vemos amarillo. Todo a través de tus ojos. Siempre pensando en ti.
cuando pedro llegó
Me cuentan desde la panda que les está encantando el blog, pero que me falta la canción más bonita que jamás alguien ha escrito a su hijo, en este caso la de Pedro Guerra que te pongo a continuación. Te estoy hablando últimamente a través de la música, pero ¿es que tengo tantas cosas que contarte, que no valen sólo mis propias palabras!. Tenían razón los músicos: la canción expresa como nada lo que he sentido durante estos maravillosos años por tí y por Lola.
miércoles, 5 de marzo de 2008
lunes, 18 de febrero de 2008
una vaca "morado"

No sé realmente el motivo por el que, entre todos los animales del mundo, te apasionan las vacas. Es algo llamativo de tu infancia: en lugar de jugar con coches, lo haces con animales de plástico. Y es excepcional el nivel de conocimiento de ellos que tienes, con dos años y medio: conoces ya al koala, a la libélula (lilubebébula, como tú la llamas), y al cocodrilo con más de mil dientes, entre otras rarezas. Pero, de todos los animales, te apasionan las vacas. Si vamos al zoo, por ejemplo, ya podemos ver elefantes gigantescos, jirafas altísimas, tigres, leones o monos que no paran, que tú me miras entusiasmado y me dices "y ahora las vacas, ¿vale?".
Todas las noches, al acostarte, te contamos cuentos, y te encantan los cuentos, pero, antes de apagar la luz e irte a dormir, nos pides un cuento de vacas. Tantos, que hemos tenido que improvisar: yo te cuento el cuento del establo del arco iris, que albergaba vacas de todos los colores del mundo, para que pueda haber una vaca "morado", como tú la sueñas porque es tu color favorito y tu madre el de la vaca veloz, que de tanto que quería correr la atropella un coche y se rompe una pata. Y duermes siempre con tus vacas cogidas en las manos; con ellas vas al cole, y hasta la piscina, a nadar. Este sábado tu profesora de natación, Cristina, alucinaba: hiciste toda la clase de natación con una vaca en cada mano. Fue curioso: al final de la clase, tu profe cogió las dos vacas, las tiró hacia el aire, y cayeron al agua. Una, la de goma dura, se hundió. La otra, de plástico y hueca, flotó. Cuando saliste del agua me las enseñaste las dos y me dijiste: "mira papá, ésta sabe nadar, y ésta no".
Andamos toda la familia locos buscándote una vaca morada.
viernes, 15 de febrero de 2008
el porqué de tu nombre
A veces, uno no sabe realmente cómo suceden las cosas. Un día eras Ernest, el otro Ariel o Martín, y de pronto ya te llamabas Rubén. Hoy no te concebiríamos con otro nombre. Lo cierto es que debes agradecérselo a tu madre. Fue ella quien lo propuso. Cuando uno va a ponerle el nombre a un hijo suyo y no quiere que se llame como él, le da muchas vueltas al asunto. Susana quería un nombre en valenciano, su lengua materna. No recuerdo exactamente cuántos nombres barajamos, pero el que más fuerza tenía era Ernest: el nombre de Ernest lluch, y, al fin de cuentas, el de Ernesto sábato o Eernesto Che Guevara. Pero no acababa de convencernos. Pensamos también en Gabriel, como Gabo García Márquez, porque a tu madre le gustaba el diminutivo de Gabri. Pero tampoco nos convencía. Mis propuestas eran mucho más extranvóticas. Yo quería un nombre argentino. Quería un Martín, como el de Sobre Héroes y Tumbas, y para Lola quería un Alejandra. También me gustaban Ariel y Román, y me entusiasmaba el nombre de Lluvia, para chico o chica, que igual daba. Evidentemente, no me dejaron. Así que un día cenando con los músicos, Nicolás, Césares, Antonio y Mavi, tú soltaste la propuesta de Rubén. El nombre gustó enseguida. No tenía diminutivos, el sobrino de César se llamaba así, y tenía poeta y todo, como Rubén Darío. Fue la cena definitiva. Quizás, si no hubieramos cenado allí ese día, hoy no te llamarías así. Son las cosas del destino.
te llamas Rubén gracias a tu madre
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